La bendición de no tener todo resuelto
Todos queremos tener la vida resuelta. Tener el trabajo perfecto, la pareja perfecta, la fe perfecta. Pero la realidad es que nadie tiene nada resuelto. Y eso puede ser una bendición.
Cuando uno piensa que tiene todo resuelto, deja de buscar. Deja de crecer. Deja de necesitar a Dios. La perfección es la trampa más grande de la vida espiritual.
Pablo lo entendió. Tenía todo — educación, posición, poder — y lo soltó todo para seguir a Jesús. Y aun así, confessó que no había llegado a la meta:
«No pienso que ya lo he logrado, sino que sigo adelante para ver si puedo alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me llamó.»
Filipenses 3:12
Eso me da paz. Porque significa que no necesito tener todo perfecto para ser útil a Dios. Me necesita como soy — con mis dudas, mis errores, mis preguntas sin respuesta.
La fe no es tener todas las respuestas. Es caminar con el que las tiene. Y Él nunca me va a soltar, aunque yo sea un desastre a veces.
Hoy celebrá que no tenés todo resuelto. Es la prueba de que seguís en camino.
Pastor Encina — reflexiones desde el camino